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sábado, 30 de octubre de 2010

Never Leave You parte V


Capitulo V.- Salida


A la mañana siguiente, ambos adolescentes despiertan como sincronizados, siendo atacados nuevamente por las miles de texturas y sensaciones que aún no reconocían del todo. En sus mentes surca rápidamente la cuestión que más les preocupaba: ¿Cómo reaccionaría Soubi cuando se enterara de sus actuales condiciones?

—Natsuo —el aludido gira su cabeza al escuchar el llamado de su compañero—, no vayas a decir ni una palabra a nadie. Es mejor esperar un poco más.

—No pensaba decir nada. Yo tampoco creo que sea buena idea.

—Sólo intentemos actuar normal.

—De acuerdo.

Youji ingresa primero al baño para darse una ducha, cuando súbitamente recuerda que hoy también se vería en el parque con Kioku.

« ¿Debería ir? Quizás no sea buena idea…» gira la perilla de la regadera, liberando las heladas gotas de agua sobre su cuerpo desnudo y tibio. El neko pega un respingo, tiritando por segundos mientras intentaba adaptarse a la temperatura tan baja.

—Youji, ¿Estás bien? —Natsuo pega su oído a la puerta del baño, algo alarmado por el grito.

— ¡S-sí… no te preocupes…!

El tono no se había escuchado muy convincente, pro el pelirrojo decide confiar, retornando a sus propios asuntos. Youji termina de bañarse lo más rápido posible, cubriéndose con la toalla para secarse, mientras tomaba su ropa limpia.

«Me veré como un maleducado si lo dejo esperando… » Frunce el ceño, enfadado consigo mismo « ¿Desde cuándo me importa ser bien portado?» sonríe rendidamente, mientras su subconsciente respondía casi por reflejo aquella interrogante «. ¿Quiero impresionarlo? No. Es tan ridículo. ¿Por qué querría que tuviera una buena imagen de mí?» su mente por un momento considera una probabilidad, pero apenas la asimila, intenta espantar la idea sacudiendo su cabeza y cerrando los ojos con tanta fuerza, que sintió marearse «. No. Imposible. Tengo que estar confundido…»

Natsuo sacaba de un cajón sus prendas limpias, mientras pensaba en lo distinta que sería su vida de ahora en adelante. Un mundo más significativo, se dijo a sí mismo. Y lo mejor de todo, era que ahora sus fantasías dejarían de serlo, para convertirse en realidad. Mientras su rostro esbozaba una sonrisa ante aquellos pensamientos, la imagen de su compañero abarca su mente como un reflejo. Su cuerpo se detiene, recordando su relación con Youji en los últimos días.

«Hemos cambiado» admite para sí mismo con tristeza, ralentizando sus movimientos «. Quizás… quizás nuestras personalidades se están forjando, y ahora ya somos tan diferentes que casi no podemos soportarnos… ¿Habrá sido buena idea renunciar a nuestros poderes? Ser Zero era lo único que nos unía, aunque… nuestra relación ya se estaba deteriorando desde antes…»

Relación. Aquella palabra significaba mucho para Natsuo. Siempre había envidiado a Soubi por tener a Ritsuka, a pesar de la inexpresividad de ambos. Pero sus celos no eran porque estuviera enamorado del pelinegro, como aseguraba Youji. Sentía celos porque cada que observaba la relación de ellos, sus caricias y sus besos, la amargura lo invadía al saber que nunca podría experimentar aquellas sensaciones.

Ahora era diferente, claro. Pero su miedo más profundo era que quizás ya no podría descubrir aquellas maravillas con la persona que creía indicada.

« ¿Youji sería capaz de dejarme? ¿Se largaría en cuanto crezca y buscaría hacer su vida con alguien… más?»

La sola idea le provocaba una profunda melancolía y depresión. Odiaba ser el más sensible de los dos. Sin embargo, sus cavilaciones son interrumpidas cuando su ex sacrificio entra de nueva cuenta a la habitación, con el pelo húmedo y temblando notablemente.

—El agua está como un demonio… ¡Se siente horrible!

— ¿En serio?

— ¡Me estoy congelando!

Natsuo, sin saber muy bien qué hacer, lo arrastra de vuelta a la cama, cobijándolo.

— ¿Te sientes mejor? —se sienta a su lado de forma algo tímida.

—Casi no… ¡Maldición, necesito más calor! —Se abalanza hacia su compañero, acurrucándose en él mientras cubría a ambos con las sábanas. Era lo mejor que se le ocurría, y en efecto, sirvió—. Así está mejor… —interna su cabeza en el cuello de Natsuo, provocando que éste se tensionara ante el contacto.

—Y-Youji… —trata dificultosamente de sonar molesto, aunque realmente sentía derretirse al tener esa cercanía con el otro—. No intentes aprovecharte sólo porque tienes frío…— suelta un pequeño gemido al sentir un cálido suspiro en su piel, olvidando lo que sea que fuera a decir y dejándose llevar por el momento.

Los dos quedan varios segundos en silencio, sin saber qué decir. A Youji ya se le había pasado el frío, pero se sentía incapaz de romper ese contacto. Natsuo estaba exactamente igual, sin embargo, el peli azul eleva su cabeza para encararlo.

—Natsuo…— se sorprende un poco al notar las mejillas de su amigo algo rojas, sin embargo, decide no mencionarlo—. Sé que hemos discutido mucho estos días… es más, ya casi no hacemos nada juntos… Por eso, me gustaría que me acompañaras hoy al parque, y conocieras mejor a mi amigo… ¿Lo recuerdas? —sonríe levemente, esperando que estuviera haciendo lo correcto—. No quiero que pienses que te he reemplazado, por eso te estoy pidiendo esto. ¿Qué dices?

Obviamente, Natsuo había pensado que su amigo le diría algo muy diferente; podía verse en su rostro algo decepcionado y vacilante.

—No lo sé… —balbucea, con la mirada gacha—. No creo que…

—Por favor —toma el rostro del pelirrojo, acariciando con una mano su mejilla, y con la otra su desordenado cabello—. Quiero divertirme también contigo.

Natsuo, casi hechizado por aquellas repentinas y maravillosas caricias, cabecea torpemente como afirmación, dejando enterrados su orgullo y soberbia.

— ¡Bien! —muestra una expresión gratamente complacida—. Bueno Natsuo, ya puedes ducharte.

—Creo que paso…—murmura con algo de escalofríos.

— ¡Anda, no seas cobarde!

El del parche, molesto, decide demostrar lo contrario ingresando al baño. Antes de desvestirse siquiera, se pone a palpar todo lo que había a su alrededor, tratando de recordar las texturas. Youji permanece alerta, y en cuanto escucha el grito asustado de su amigo al sentir el agua, no pudo evitar reír con ganas. En cuanto Natsuo hubo salido, tiritando y congelado, Youji lo envuelve con sus brazos para calentarlo más rápido, siendo correspondido.

«Quizás no estamos tan distanciados…» piensa el ex luchador, aferrándose al cuerpo ajeno con fuerza, mientras su temperatura corporal se estabilizaba con rapidez.

Después de separarse, buscan algún indicio de que hubiera comida preparada en la casa, mas sin embargo sólo hallan una nota en la mesa principal.

—Dice que fue a recoger a Ritsuka de la escuela, y que la comida está en el horno.

—Eso explica el por qué todo estaba tan silencioso. —Youji se acerca al horno para buscar el desayuno, tratando de controlar sus emociones al sentir cualquier nueva forma que sus neófitas manos tocaran.

Los dos comienzan a comer, sintiendo por primera vez la suavidad de la carne y el cálido líquido del chocolate tibio en sus lenguas.

— ¡Diablos, esto está delicioso! —exclama el peli azul, masticando con avidez.

—Deberías comer más despacio y disfrutarlo. —repone Natsuo, degustando con placer cada bocado.

Después de unos minutos, finalmente salen del apartamento en dirección al sitio del encuentro. El aire era más seco, y parecía lastimar la piel de ambos, a pesar de llevar ropas de manga larga.

—Youji, hace un poco de frío…

— ¿Quieres que te abrace? —pregunta el neko juguetonamente, acariciando un poco el hombro de Natsuo con sus dedos índice y medio.

—N-no… —sus mejillas se sonrojan un poco ante la tentadora propuesta.

— ¿Seguro? —ensancha más su sonrisa al notar la expresión de su amigo.

— ¡Que no! Nos veremos como una… una…

— ¿Pareja?

Natsuo decide quedarse callado al escuchar su frase completada. Realmente no le hubiera molestado otro abrazo con su compañero, pero no quería verse tan dócil y sensible ante Youji. Al menos, no aún.

Finalmente, Youji conduce a Natsuo hacia el árbol donde siempre esperaba a Kioku. Se sientan con cuidado, sintiendo como si el pasto pinchara las palmas de sus manos, robando un quejido de los chicos.

La suave brisa, mezclada con el acogedor ambiente, acabó una vez más con el orgullo y la falsa careta del pelirrojo, quien se apoya lentamente en el brazo de Youji. Éste no lo rechaza, al contrario, comienza a recorrer con sus dedos el rostro de Natsuo, soltando un suspiro involuntario al sentir por fin esa piel tan tersa y aterciopelada. Ambos tenían los ojos entrecerrados, preguntándose si en verdad eso era real. Por fin podían tocarse, sentirse, descubrirse. Pero aún había una línea que los separaba, y Natsuo se preguntaba si sería lo mejor cruzar ya esa línea.

—Youji… —los labios de Sagan temblaban un poco.

—Dime. —gira su cabeza para poder verlo bien.

—D-desde hace tiempo… he estado pensando que… que quizás…

— ¡Youji! ¿Te he hecho esperar mucho?

Ambos voltean abruptamente al notar una tercera persona allí. Era Kioku, quien había visto aquella escena tan “íntima”, pero decidió aparentar no haberlo notado.

— ¡No! De hecho, tenemos poco tiempo de haber llegado…

Youji sonríe a su amigo, apartando velozmente su mano del rostro de Natsuo, como si le hubiese quemado. El pelirrojo observa sorprendido y dolido esta acción.

« ¿Le avergüenza que ese chico lo vea tocándome? O… o quizás él…» se aparta suavemente del hombro ajeno, arrepentido de haberse mostrado tan débil.

—Kioku, quería presentarte a Natsuo. Sé que quizás ya lo hayas visto, pero quise que hoy estuviera con nosotros… y se conocieran un poco mejor…

—Sí, ya había tenido el gusto de conocerlo… —Yamamoto muestra una expresión amigable, aunque realmente el pelirrojo le cayera como patada en el hígado.

— ¿En serio? —el peli azul mira a Natsuo de forma interrogativa—. ¿Ya se habían tratado?

—Sí, algo así…— responde el del parche, cuya simpatía hacia el castaño tampoco difería mucho.

—Oye Youji, hay un lago muy cerca de aquí, ¿Les parece si vamos? —Kioku tuvo que usar el plural forzadamente, aunque hubiera preferido mucho más estar a solas con Youji.

— ¡Claro!

El castaño y el pelirrojo conversaban animadamente mientras se dirigían a su destino; el pelirrojo prefería ir en silencio, observando. Youji procuraba meter a Natsuo en la plática, pero éste comenzaba a mostrarse algo hostil y deprimido. El ex luchador sólo observaba con molestia cómo su compañero gozaba interactuar con ese perfecto extraño. Observaba sus risas, sus bromas, y aquello sólo lo hacía rabiar más, por no decir que estaba celoso.

Mas sin embargo el pobre Natsuo no sabía que aquella salida lo dejaría tan amargado como nunca en su vida.

sábado, 21 de agosto de 2010

Never Leave You parte 4


Capítulo IV.- Somato sensorial

Después de escuchar aquella inesperada llamada, ambos Zero quedan indecisos entre ir a la cita a la cual habían sido invitados, o quedarse en el departamento.

Nagisa los había llamado para una “supuesta” reunión, que según era de suma importancia para ellos. Podían escoger entre ir o no, pero ella claramente les había advertido que si decidían no ir, perderían una oportunidad muy grande, aunque obviamente, no les dijo nada más al respecto. Pero las probabilidades de que fueran desmantelados eran realmente altas. El haber renunciado a su tarea y abandonar la escuela de luchadores así como así era algo que sabían era imperdonable para Nagisa-sensei.

Youji deja el aparato donde estaba, mientras se acerca al pelirrojo, con una expresión seria que rara vez mostraba.

— ¿Qué crees que deberíamos hacer?—pregunta Natsuo.

—No lo sé. Por cómo sonó Nagisa-sensei, no parecía que tuviera alguna doble intención con esta reunión.

—Sé que ella es nuestra creadora. Pero tengo muy buenas razones para desconfiar. Y tú también lo sabes.

—En eso tienes razón. Pero podría ser que en verdad tenga algo importante que decirnos. No quiero creer que ella en verdad nos odie tanto para querer hacernos daño…

— ¿Por qué? ¿Porque eres su favorito?

— ¡No estoy hablando de eso!

—Bien. Si tantos confías en Nagisa-sensei, entonces vamos. No hay nada que perder, ¿No?

—Si así lo quieres, por mí no hay problema.

El joven del parche tarda unos segundos con las palabras contenidas por el orgullo, antes de musitar un frío «bien».

Deciden alistarse, a pesar de que ya fuera de noche. Tras escribir una breve (y nada específica) nota a Soubi, cierran la puerta del departamento, mientras echan a andar por las calles. Así continúan por casi treinta minutos. La temperatura era algo baja, haciendo que el pelirrojo comenzara a temblar muy levemente, pero intentaba controlar su temperatura. De pronto siente como un brazo se coloca en sus hombros, apegándolo al otro cuerpo. Gira su cabeza, encontrándose con su compañero peli azul.

—Tienes frío, ¿No?

Natsuo aparta de un manotazo el brazo ajeno, mirándolo con algo de recelo.

—No necesito esto. Estoy perfectamente bien.

—Pero estás temblando…

Te dije que estoy bien.

Esta sola frase hizo que Youji soltara su agarre, dejando a un lado a su compañero. Ambos continúan su camino en silencio, sin volver a dirigirse una palabra. Pero eso no significaba que no estuvieran pensando en el otro.

«Estúpido Youji. ¿Crees que haciéndote el bueno vas a hacer que olvide mi enfado? Serás idiota…»

«Estúpido Natsuo. ¿Crees que haciéndote el fuerte vas a hacer que deje de preocuparme por ti? Estoy molesto, sí. Pero aún así…»

«… Me duele… aunque sé que no puedo sentir nada, el pecho me duele…»

«…Tan sólo quiero que comprendas…»

«… Quiero que comprendas lo que siento…»

El pelirrojo se lleva una mano al corazón, como si hubiera sentido una punzada muy aguda y filosa atravesándolo. No podía describir esa sensación. Ahoga un pequeño quejido, queriendo fingir que nada pasaba. Sin embargo, esto no pasa desapercibido por Youji, quien rápidamente vuelve a verificar el estado de su amigo.

—Natsuo, ¿Te encuentras bien?—pregunta el peli azul, esta vez preocupado.

—…Estoy bien…

— ¡Dime la verdad!—la desesperación volvía a apoderarse de él, haciendo que nuevamente alzara la voz, aunque no lo quisiera— ¡No sólo lo digas para fingir que eres fuerte!

Natsuo siente cómo sus ojos comienzan a humedecerse, pero rápidamente se lleva el antebrazo a su rostro, para borrar cualquier extraño indicio.

—Natsuo…

— ¡Dije que estoy bien! Será mejor apresurarnos…—aunque no se notara, su voz sonaba un poco más quebradiza de lo usual.

Youji nota esto, pero decide no responder, y seguir el trayecto en silencio. No sin dedicarle varias miradas discretas a su amigo, quien se limitaba a ignorar todo lo que tuviera que ver con él. Finalmente, tras llegar al sitio donde podían ingresar a las Siete Lunas, comienzan a buscar a su creadora entre las aulas del colegio. No tardaron en observar las miradas que les eran dirigidas por los demás estudiantes, pero deciden tomarlo como la menor de las prioridades. Finalmente, después de preguntar a algunos adultos, logran encontrar el cuarto de Nagisa. Esta se hallaba sentada en su escritorio, revisando unos cuantos documentos de anatomía. Al sentirse observada eleva la vista, para poder contemplar a sus creaciones, que esperaban en la puerta.

—Youji, Natsuo. Los estaba esperando.

Nagisa parecía ser la misma de siempre. Mismas coletas a los lados, mismos vestidos extravagantes, misma expresión. Sólo que esta vez los contemplaba sin la clásica efusión, aún con la presencia del peli azul.

—Nagisa-sensei, ¿Tenía algo importante que decirnos?— pregunta Natsuo, siendo el primero en “saludar”.

—Así es. Quería discutir un punto importante.

La profesora hace una pausa, mientras toma uno de los papeles. Vuelve a recorrer con la vista a sus Zero, antes de proseguir:

— ¿Ya han tomado su decisión, cierto?

— ¿Se refiere a nuestra renuncia?...— pregunta esta vez Youji.

—Así es. Es precisamente sobre eso por lo que quise citarlos—se para de su mullida silla, sin soltar el escrito de sus manos—. No pude comunicarme con Koya o Yamato, ya que cortaron toda comunicación conmigo, pero me alivió el hecho de que ustedes decidieran responder a mi llamada— arregla sus voluminosas coletas, como queriendo refrescar sus pálidos hombros—. El hecho es que, ustedes fueron prototipos diseñados para no sentir dolor. Y esa es una cualidad que les brindé exclusivamente para poder enfrentarse en las batallas. Pero si han decidido dejar por completo a las Siete Lunas, tendré que privarlos de esa característica propia de los Zero.

—Eso quiere decir…—la voz de Natsuo no pudo evitar quedar algo afectada ante tales palabras captadas por sus oídos—… ¿quiere decir que nos permitirá sentir?

—Técnicamente, sí—responde la mujer, sin mostrar la misma emoción que mostraba el pelirrojo—. Simplemente volveré a activar su corteza somato sensorial, pero eso solamente depende de su elección. Deberán acostumbrarse a las nuevas texturas del mundo, y también deberán hacerse a la idea de que si llegan a lastimarse gravemente, podrían morir por el dolor, que es algo que nunca han experimentado. ¿Qué prefieren: ser privados de su vital cualidad para ser seres orgánicos “comunes”, o seguir conmigo y volver a la escuela de luchadores?

Aquella era una pregunta que los chicos no necesitaban pensar con demasiado tiempo. Por lo menos ese era el caso en Natsuo, quien inmediatamente había escogido. Voltea a ver a su sacrificio, dándose cuenta de que éste parecía meditarlo un poco más. Naturalmente, aquello lo enfureció al instante. ¿Qué necesitaba pensar? ¿O es que acaso no quería dejar de ser un ser “diferente”?

—Podemos escoger individualmente, ¿verdad sensei?—cuestiona Natsuo algo irritado.

— ¡Por supuesto que no! Ambos son un equipo, y esta decisión debe ser tomada por ambos también.

«Maldita sea. Si Youji no quiere someterse a esta operación, no podré soportarlo más»…

—Aceptamos dejar de ser Zero.

La voz de Youji se escuchó totalmente decidida, sin ningún tipo de duda, dejando boquiabierto a Natsuo. Nagisa también quedó algo estupefacta ante la decisión de su creación, pero solamente quedaba corroborar esa elección con el otro joven.

— ¿Qué dices, Natsuo? ¿Tú también estás de acuerdo con lo que dice Youji?

El pelirrojo tuvo que ser sacudido levemente por su compañero, ya que aún seguía en una especie de shock. Finalmente, después de regresar a la realidad, abre la boca para pronunciar palabra:

—También estoy de acuerdo, Nagisa-sensei.

La profesora de cabello opalino suelta un suspiro que parecía ser de resignación, antes de terminar de dar las instrucciones a los jóvenes.

—Bien, ya que ambos opinan así… tendrán que ir conmigo ahora mismo a mi sala de operaciones.

—Entendido.

—Ya no hay vuelta atrás, ¿lo entienden?...

Los adolescentes asienten nuevamente con la cabeza. A ellos realmente les importaba un comino ser “los mejores luchadores” o cualquier cosa que fuera parecida. Siempre lucharon salvaje y brutalmente por diversión, más nunca por ser realmente fieles a su creadora. Se dirigen junto con la mujer al cuarto donde ya sabían que Nagisa hacía sus “experimentos” y modificaciones a sus prototipos, mientras divisan las camas especiales donde empezaría la operación. Tras una señal por parte de su profesora, se recuestan donde les había indicado, mientras comenzaban a ser preparados.

—Tendré que aplicarles un sedante. La operación no tardará demasiado.

— ¿Por qué un sedante?—pregunta aún con inocencia Natsuo.

—Porque no sentirán nada agradable tener la cabeza abierta cuando hayan recuperado la sensibilidad. ¿O te gustaría hacer la prueba?

Esa respuesta fue suficiente para hacer que el pelirrojo cerrara la boca ante cualquier otra interrogante que surgiera de su cabeza. Tras serles aplicado el químico, quedan profundamente dormidos. Segundos después, Nagisa comienza a trabajar en sus prototipos, realizando los ajustes necesarios, y procurando no alterar alguna otra corteza en sus cerebros. Finalmente, después de tres horas y media aproximadamente, termina con su trabajo, dejando el cuerpo de los “Zero” como si nada hubiera pasado. Los desata de los cinturones de seguridad que les había puesto, y se marcha a tomar un café, sabiendo que todavía faltaba un poco para que ellos despertaran.

Varios minutos después, Youji despierta, sintiendo un gran mareo por el efecto de la anestesia.

—Ya… ¿Ya ha terminado todo?—se frota la cabeza, cuando súbitamente siente la textura de su piel contra su cabello. Sus ojos se ensanchan, algo confuso por aquellas señales mandadas a su cerebro— ¿Qué… qué es esto?

La sensación era extraña. Cada uno de sus cabellos eran fibras finísimas entrelazándose entre sus suaves dedos. Se sienta abruptamente, sintiendo el nylon de la cama entre las palmas de sus manos. Era algo que hacía que sus manos sintieran algo de frío, algo gélido. No podía, simplemente no podía explicar ni asimilar nada de lo que estaba ocurriendo.

— ¿Asombrado? Así se siente una cama de operación.

La voz de Nagisa lo hizo voltear rápidamente hacia donde ella estaba. Su sensei sostenía una taza de café, mientras descansaba en una cómoda silla, esperando a que alguno despertara.

—Nagisa-sensei… ¿Ya terminó con la operación?

—Así es. ¿Qué opinas? ¿Cómo te sientes?

—Yo… no lo sé… todo es extraño y confuso ahora…

—Te acostumbrarás.

Segundos después, Natsuo despierta, no sin también presentar la mayoría de las reacciones que tuvo el peli azul; obviamente su personalidad le hizo estar aún más sobresaltado que Youji. Tras incorporarse con dificultad, ambos quedan de pie, esperando a que su sensei les dijera algo más.

—Ahora son como seres orgánicos. Ustedes han decidido esto, así que no me haré más responsable de ustedes, ¿Lo han entendido? Si mueren… no será mi culpa.

Los “Zero” asienten nerviosamente. Tras intercambiar algunas palabras más, deciden marcharse.

—Hasta pronto, Nagisa-sensei. Gracias por… por hacer esto.

—No les hice ningún favor—responde la mujer—. Pronto se darán cuenta de que ustedes debieron haber permanecido así como estaban. Ya puede irse con Soubi… —esto lo dijo con algo de desdén—. Sólo espero no tener noticias trágicas de ustedes.

Y sin más, los dos luchadores se marchan de regreso a su “hogar”. El frío parecía afectarlos aún más, mientras sentían también el rígido suelo sobre sus pies. Ambos permanecían callados, cada uno intentando asimilar todo lo que se presentaba en cada instante. En ese momento se dan cuenta por el ambiente que ya faltaban pocas horas para la madrugada.

Tras subir las escaleras que daban al departamento, tocan la puerta, sintiendo la rugosa madera en los nudillos de sus manos. Soubi abre, notándolos extraños.

— ¿Qué es lo que ocurrió? Me sorprendió que salieran tan tarde, aún siendo ustedes.

—Nada…—responden al instante los dos, con obvia torpeza.

El fumador decide que sería mejor no hacer más preguntas al respecto, y decide cerrar la puerta para volver a dormir. Natsuo y Youji entran con cuidado, intentando no tocar o rozar ningún objeto que pudiera delatar su nueva condición. Aún no estaban preparados para decirle a Soubi al respecto. Se meten mecánicamente a la cama, arropándose hasta la cabeza. En cuanto las luces vuelven a apagarse, los amigos vuelven a abrir los ojos.

—Youji… me siento algo asustado…

— ¿Por qué?

Ambos susurraban. Temían despertar a Soubi y que descubriera su secreto.

—Todo lo que estoy… sintiendo… es confuso para mí. Hasta me siento extraño en la cama…

—Yo también. Pero no debemos quejarnos. Pedimos esto, y nos tendremos que acostumbrar.

—Eso ya lo sé…

—Además… la cama se siente bien—palpa las sábanas, sintiendo aquel material—. Es… como decirlo…suave. Sí; así la siento. Y me gusta esta sensación.

—Bueno, eso es cierto…—sonríe tímidamente, sintiéndose nuevamente cohibido al estar con su compañero.

Youji acerca su mano hasta el cabello de Natsuo, quien se sobresalta al sentir un poco de la piel de su sacrificio en una parte de su mejilla.

— ¿Qué haces?...

—Tu cabello se siente más suave que la cama…—suelta una sonrisita traviesa.

—Cállate y vuelve a dormir…—le da la espalda rápidamente, cortando toda conversación.

No es que a Natsuo le hubiera molestado; de hecho todo lo contrario. Pero no quería mostrar lo débil que era ante esa caricia brindada por su sacrificio, y quería mantener su orgullo por sobre todo.

«Como todo un estúpido.» Piensa Natsuo, soltando un suspiro.

Después de alrededor de media hora, ambos caen profundamente dormidos, olvidando por completo que el día siguiente sería un día lleno de nuevas sensaciones y experiencias.

Never Leave You parte 3



Capítulo III.- Llamada


A la mañana siguiente, los dos nekos se levantan como de costumbre, con la única diferencia de que ni siquiera se molestaron en cruzar miradas. Huelen un agradable estofado, que los obliga a levantarse como si los estuvieran llamando con urgencia. Logran encontrar a Soubi en la cocina, preparando el desayuno como si nada.

—Al fin despiertan.— dice con tranquilidad al escuchar los pasos de ambos acercándose al comedor.

—¿Qué hora es?— pregunta Youji, restregándose los ojos con sueño.

—Son las once de la mañana. Estoy calentando de nuevo la comida, porque figuré que despertarían a esta hora.

—¡Vaya, que tarde es!— exclama el peli azul, yendo rápidamente a cambiarse de ropa.

—¿Desde cuándo te importa la hora?— pregunta el rubio con algo de curiosidad hacia el Zero.

—Desde que recordé que tengo una salida programada para más tarde.— responde el del lunar, mientras se alistaba.

—¿Una salida? ¿Con quién?

—Con su nuevo amigo.— responde esta vez Natsuo, dirigiéndose al baño para cepillarse los dientes.

El pintor se limita a sonreír, mientras servía la porción de comida en cada plato. El pelirrojo aparece nuevamente, sentándose en el comedor, mientras Youji entraba ahora al baño. Natsuo se limita a poner su mano izquierda en su mejilla, ahogando un suspiro de rabia.

—Olvidaba decirles que Kio vendrá a almorzar hoy con nosotros —informa Agatsuma—. No tardará en llegar.

—¿Y a qué viene?— pregunta el pelirrojo con curiosidad.

—A pasar un rato. Ustedes ya lo conocen.

—Entiendo…

Después de unos minutos, el invitado hace su aparición, por lo que pudieron almorzar todos juntos. Sin embargo, los únicos que parecían estar en alguna conversación eran Soubi y Kio. Natsuo y Youji no se habían molestado en crear charla alguna, limitándose solamente a comer. El pelirrojo comía con desgano, mientras el peli azul lo hacía con avidez. Este extraño ambiente entre los Zero creó algo de confusión y extrañez por parte de los amigos mayores, quienes dudaban en preguntar al respecto.

—¿A ustedes qué les pasa? No han pronunciado ni una palabra —como siempre, fue Kio quien dio el primer paso—. ¿Acaso han discutido?

—¿Por qué preguntas eso?— contrarresta el joven del parche, tomando un sorbo de su jugo.

—Ni siquiera pueden verse. Es más que obvio pensar eso.

—El que no tengamos ganas de hablar no quiere decir que suceda algo entre nosotros —dice Youji esta vez—. Por cierto Soubi, ¿Sabes qué hora es?

—Un cuarto para las doce —responde el aludido, llevándose un poco del jugoso guiso a los labios—. ¿Tanta prisa tienes?

—Tengo que llegar temprano; no quisiera hacer esperar a mi amigo.— responde el del lunar con simpleza, mientras se paraba a la cocina para tomar otra porción del delicioso y humeante estofado.

—Vaya; Youji está enamorado! No quiere llegar tarde para su cita.— canturrea el amigo de Agatsuma, sin dejar de ver con expectativa al joven Sagan.

Natsuo suelta un gruñido casi imperceptible, intentando mantener su boca ocupada con el vaso que contenía su bebida. Era mejor controlarse, si no quería decir algo impropio u ofensivo en aquellos momentos. Lamentablemente, esto no pasó inadvertido para el impertinente joven Kaidou, quien rápidamente encontró eso como nueva excusa para seguir la conversación.

—¿Acaso estás celoso, Natsuo?— pregunta, dirigiéndose hacia el crispado neko, quien se limitó a guardarse sus palabras tomando una ración muy grande de estofado, y llevándoselo a la boca; devorándolo con una exasperante lentitud, que sólo hizo soltar algunas risas impregnadas con algo de burla por parte de Kio.

—¿De qué te ríes?— pregunta el joven del lunar, regresando nuevamente a la mesa con otro plato lleno del guiso preparado por Soubi.

—De que tu amigo Natsuo está celoso porque tienes una cita.— responde el chico de los piercings, limitándose a tomar su segunda lata de cerveza.

—¡Que no estoy celoso, con un demonio!— responde agresivamente el Zero del parche, que no hallaba momento en terminar de tragar lo que tenía en la boca para callarle la boca al descarado amigo de Agatsuma.

—Qué quisquilloso eres.— exclama Kio ofendidamente, dejando la lata vacía en la pequeña mesa de caoba donde almorzaban.

—¿No le dirás nada, Soubi?— replica el pelirrojo, aún sin poder creer que durante todo el tiempo que estuvieron discutiendo, el luchador de Ritsuka se había limitado a comer tranquilamente, sin parecer inmutarse a nada.

—No está diciendo nada que te ofenda. Al igual que él, no veo razón para que te irrites.— responde serenamente, penetrando con sus índigos ojos la mirada esmeralda de Sagan, quien decide terminar de almorzar, sintiéndose algo humillado por aquella respuesta.

—Soubi, ¿Crees que podamos terminar el trabajo de la universidad aquí? Traje la mayoría de las cosas para poder avanzar, pero creo que si trabajamos a partir de ahora, podremos terminar.— comenta Kio a su amigo.

—Por mí no hay problema.— el fumador se levanta para recoger los platos vacíos de los demás.

Mientras lavaba los trastos, Kio comenzaba a disponer todo para terminar su proyecto artístico, ignorando por completo a los Zero.

—Soubi, tengo que irme —exclama Youji, terminando de alistarse—. Volveré más tarde.

—Mejor di que volverás hasta la noche…— sisea el pelirrojo, que estaba boca abajo en el piso con el celular en la mano, vacilante entre llamar al sacrificio del pintor o no.

—Cállate, Natsuo. Igual no dudarás en sustituirme con Ritsuka, ¿no?— el aludido casi deja caer el aparato por ser pillado en sus intenciones; por suerte tuvo suficientes reflejos para sostenerlo de vuelta.

—No hables como si me conocieras a la perfección, Youji.— replica fulminándolo con la mirada.

—Qué miedo…— le saca la lengua burlonamente, antes de cerrar la puerta, escuchándose cómo bajaba las escaleras del departamento con rapidez.

«Estúpido Youji…» piensa el joven del parche, sintiéndose nuevamente decepcionado al verse "reemplazado" con un nuevo chico.

—Si tan celoso estás, deberías decirle lo que sientes a tu amigo, ¿No crees?

De nuevo el inoportuno Kaidou, metiendo las narices donde no lo llamaban. Natsuo deja salir un hastiado suspiro, asegurándose de que el de los piercings lo escuchara para saber que debía cerrar la boca en asuntos que no eran de su incumbencia. Vuelve a tomar el celular, preguntándose si realmente sería lo mejor llamar a su amigo pelinegro para pasar un rato agradable, desahogándose de sus paranoias y celos infantiles. Finalmente, después de unos minutos, se recuesta boca arriba, escribiendo el mensaje de texto para el joven Aoyagi.

Youji ya se encontraba a pocos minutos del parque, esperando que Kioku aún no llegara. Necesitaba relajarse un poco, y salir de aquél apartamento que parecía estar ahogándolo. Sabía perfectamente que su comportamiento comenzaba a calar a su luchador, pero a pesar de sentirse algo culpable, parte de él se regocijaba por devolverle lo que sentía cuando éste prefería a Ritsuka en vez de a él. Lo estaba gozando… gozaba ver celoso a Natsuo. Y esa sensación lo hacía sentirse extrañamente valorado. Pero aún quería más. Quería ver hasta dónde podían llegar los sentimientos de su amigo. Y aunque Kioku no iba a ser su herramienta para averiguar aquello, si serviría como excusa para incrementar la inquietud del pelirrojo.

Se recuesta en el suave pasto, dejándose llevar por la fresca brisa, mientras un árbol le brindaba la sombra más placentera para provocarle la mejor relajación que hubiera tenido en su vida. Pronto comienza a divagar en su mente, sin darse cuenta de que cierta persona lo miraba muy divertidamente. En cuanto se siente observado, abre rápidamente los ojos, topándose con un castaño que sólo se limitó a saludarlo.

—Parece que llegué algo tarde, ¿No?— murmura el joven Yamamoto.

—Ah; claro que no. Simplemente quise escapar de casa un poco antes.

—¿Tuviste problemas con el chico de ayer…?

—¿Con Natsuo? No, ¿Por qué?

—Sólo me lo figuré —se sienta al lado de su amigo para poder conversar más a gusto—… Me pareció que estaba algo molesto porque no quisiste acompañarlo ayer, ¿No es cierto?

—Bah, él no se ha portado muy amablemente como para que yo le esté haciendo caso.— suelta un gruñido mientras se recarga en el tronco del árbol. Suponía que en esos momentos Ritsuka ya estaría con él. El sólo pensamiento volvió a hacerlo rabiar por dentro. Kioku se dio cuenta de eso, así que decidió no hablar más al respecto.

—¿Sabes? Hoy vi un café donde podríamos ir. ¿No quisieras ir a tomar algo?

—Bien, ¡Nada mejor que ir a matar el tiempo! —se levanta animadamente, pero súbitamente recuerda que en sus carreras, había olvidado llevar aunque fuera un poco de dinero—. Ahh… disculpa Kioku, ¿Te importaría acompañarme a donde vivo? Olvidé pedirle algo de dinero a Soubi…- se frota la parte superior de la cabeza, terriblemente avergonzado.

—Descuida; yo puedo pagar, no hay problema.

—¡Nada de eso! —corta la conversación, arrastrando a Yamamoto por un brazo, mientras se dirigían a casa de Soubi—. Me sentiré como un aprovechado… cosa que nunca me ha importado mucho, pero aún así no puedo verme como un necesitado que no tiene ni un quinto.

—Si eso quieres, entonces vamos…— sentencia el castaño, sabiendo que nada de lo que dijera podría hacer de cambiar de parecer a su impulsivo amigo. No puede evitar sonreír para sí mismo, ya que conocería la dirección de Youji; se había ahorrado la vergüenza de preguntar aquello.

Finalmente llegan. El joven Sagan obliga a su amigo a subir las escaleras, dejándolo literalmente parado frente a la entrada del departamento. Youji toca como de costumbre, y para su sorpresa, quien abre es Ritsuka.

«Sabía que estaba aquí.» piensa el peli azul, fingiendo no darle importancia.

—Youji, ¿Vas a pasar? —pregunta el pelinegro, pero de inmediato se percata de que había alguien más al lado del Zero—. Ah, ¿él es tu amigo? —extiende su mano, sonriendo amigablemente—. Soy Aoyagi Ritsuka. Natsuo me ha hablado un poco de ti.

—Soy Kioku Yamamoto —estrechan sus manos, saludándose como cualquier persona—; es un placer. ¿También eres amigo de Youji?

—Así es. Pasa.

—Sólo vine por algo de dinero —interrumpe el joven del lunar, pasando bruscamente, y tomando de la mano al castaño para que entrara de una vez—. ¡Soubi! ¿Podrías darme algo de dinero? Sólo por esta ocasión.

El aludido se encontraba en la zona de trabajo junto con Kio, intentando retratar una obra surrealista. Natsuo se hallaba en la sala, hojeando unas cuantas revistas y libros, con su peluche predilecto al lado suyo. En cuanto escucha el pequeño alboroto, eleva la vista, para ver casi de forma horrorizada que aquél "intruso" yacía tranquilamente esperando en su mismo suelo. Youji intentaba negociar con el fumador, mientras Ritsuka se encontraba también intentando apoyar al peli azul. Kioku se acerca hacia el pelirrojo, que lo veía casi en shock.

—Parece que aún no nos hemos presentado —dice, extendiendo su mano para saludar cordialmente—. Soy Kioku Yamamoto, es un placer conocerte.

—Natsuo.— responde con antipatía, sin molestarse en estrechar la mano ajena. El castaño se limita a bajar su brazo, algo confundido por la hostilidad que parecía tenerle aquél pelirrojo.

—¿Eres el compañero de Youji, no? —continúa, intentando no parecer ofendido ante el comportamiento del Zero—. Él me ha hablado un poco de ti…

—¿En serio?— Sagan vuelve a pegar sus ojos en lo que estaba leyendo, queriendo darle a entender a aquél sujeto que su compañía le resultaba molesta. Sin embargo, éste pareció no darle importancia a ese hecho.

—Así es. Aunque no he tenido la oportunidad de escuchar más, sé que te tiene mucho aprecio…

—Bueno; es que él y yo somos muy unidos…— recalca la última palabra salida de sus labios, elevando su vista para poder contemplar la expresión de Yamamoto. Y en efecto, sabía que aquél chico resultaba ser demasiado predecible. Su cara había mostrado una súbita confusión, y quizás algo de envidia, envidia que parecía reprimir extraordinariamente con una sonrisa que mostró segundos después.

—…Bueno… me alegro de que tengas una amistad tan fuerte con Youji…— responde igual de sereno, sintiéndose extraño.

Natsuo, satisfecho con lo presenciado, vuelve a cubrir su cara con la revista, para ocultar la enorme sonrisa de satisfacción que tenía que liberar.

«No puede competir conmigo… es un verdadero idiota…» instantáneamente, analiza sus palabras, sintiéndose confundido él mismo «. ¿Competir? ¿Sobre qué estoy compitiendo? ¡Ya dije que me daba igual que Youji se fuera con este tonto!»

En ése momento, el mencionado regresa junto con Yamamoto, sonriendo muy satisfecho por haber conseguido lo que quería.

—¡Muy bien Kioku, podemos irnos!— toma nuevamente la mano del castaño; esta vez siendo observado por Natsuo, que sintió rápidamente cómo su anterior regocijo se iba al caño. Youji cierra toscamente, como de costumbre, haciendo que Kio derramara accidentalmente algo de de pintura en un lugar no deseado del lienzo.

—¡Ahh! ¡Sou-chan, mira lo que el mocoso provocó!— el rubio comienza a sollozar por aquella desgracia, intentando que su amigo lo consolara.

Ritsuka se acerca a Natsuo para continuar leyendo su libro. Vuelve a notar el irritado semblante del pelirrojo, teniendo las dudas cada vez más claras.

—¿Yamamoto-san no te agrada, verdad?— pregunta, acostándose al lado de su amigo, quien lo encaró con una cara de aparente confusión.

—No es eso… es sólo que… simplemente no lo trago. Me disgustan los chicos demasiado educados…— vuelve a enterrar su cara entre las páginas de la "interesante" revista, cortando toda conversación sobre el tema. Aoyagi se limita a encogerse de hombros, para continuar su lectura.

Finalizando el día, Youji regresa al departamento. Prácticamente casi a la hora de ayer. Sólo que esta vez sin ser recibido regañonamente por su luchador. Se percata de que sólo estaba Natsuo en la casa.

—¿Dónde está Soubi?— pregunta, mientras comenzaba a cambiarse para dormir.

—Regresará en unos minutos. Fue con Kio a hacer un mandado… yo qué sé…

—Entiendo…

Por alguna razón ya ninguno de los dos sentía la misma confianza con el otro. ¿Desde cuándo habían comenzado a distanciarse?

—¿Natsuo?

—Dime…

—¿Estás molesto?

—¿Por qué debería?...

—Sólo pregunto; sólo responde.

—No; no lo estoy.

—Idiota…— susurra el del lunar, sintiéndose aún más molesto por haber tratado de romper el hielo con su compañero. Se disponía a subir a la cama junto con Natsuo, cuando el teléfono suena estrepitosamente.

—Cógelo Youji; estás más cerca.

—¡Ahh, claro! ¡Todo debo hacerlo yo!— toma el aparato de mala gana, mientras responde a la llamada.

—¿Youji? —se escucha al otro lado del teléfono; una voz femenina y aguda— ¿Eres tú, verdad?

Al joven Zero casi se le cae el celular, cosa que alertó a Natsuo. Youji había quedado casi congelado, con la voz ahogada. Finalmente decide responder a aquella persona, que seguía insistiendo en saber si aún seguía en el teléfono.

—¿Nagisa-sensei…?

viernes, 13 de agosto de 2010

Never Leave You Parte 2


Capítulo II.- "Amigo"

Los dos nekos se encontraban caminando en dirección al parque. Iban a paso lento, con algo de cohibición. Quizás era porque aún no se conocían; es más: ni siquiera sabían sus nombres.

—Oye— dice el peli azul, rompiendo el silencio de la caminata—; aún no me has dicho quién eres.

—¿Ah?— de nuevo lo mira nerviosamente, con las mejillas incandescentes—. Esto, soy… soy Kioku Yamamoto… es un placer…

—Youji— responde con simpleza—. Entonces, Kioku ¿A dónde nos dirigimos?

—Bueno… pensaba ir a comprar un helado en aquel puesto…

—¡Qué bien!— sonríe con complacencia, elevando sus orejas de gato—. ¿Me invitarás?

—Ah… s-seguro…

«Grandioso. Sabía que obtendría algo si acompañaba a este sujeto. Tiene cara de que no puede negar nada.»

De nuevo comienza a tener una sensación extraña en su estómago; probablemente la culpa por aprovecharse de aquel niño tan inocente. Decide no darle importancia y relajarse, suficientes problemas tenía.

—¿Puedo preguntarle algo?— murmura tímidamente el castaño.

—¿Ah? Seguro…

—¿Por qué accedió a estar conmigo…?

Youji se quedó pensando un momento. Obviamente la razón principal era para que éste le invitara algo de comer, pero sabía que no sólo había sido por eso. Algo más lo había empujado a aceptar la invitación. ¿Era acaso simpatía a primera vista?

—Bueno…— se frota su largo cabello, inquieto—. Digamos que me caíste bien, chico…

—Bueno… a mí también me simpatiza— sonríe tiernamente, mientras su cola felina se retorcía inevitablemente—. Aunque me haya golpeado por accidente, gracias a eso nos conocimos.

El estómago de Sagan se contrae, sintiendo como sus mejillas se tornaban un poco más calientes de lo normal. Intenta controlar aquellas reacciones pateando otra piedra.

—¡Bueno, bueno! ¿Nos estamos poniendo muy empalagosos, no crees?— dice apresuradamente, desviando su vista hacia el frente. Kioku suelta una pequeña risita, cabeceando como afirmación.

Finalmente, después de ir a comprar el mantecado por cortesía del joven castaño, se sientan en una de las tantas bancas del parque. Eligen una con una fresca sombra producida por un gran árbol. Mientras comían, un poco del helado resbaló por los labios de Youji, que no se percató por estar tan inmerso en sus pensamientos.

—Se ensució un poco…— acerca el dorso de su mano hacia la mejilla del chico del lunar—. Déjeme limpiarlo…

—¿Ah, qué…?— no termina de pronunciar su frase, ya que calla abruptamente al ver los tímidos dedos del joven acariciando su piel. A pesar de que no podía sentir, el que estuviera siendo "tocado por él" lo hacía entrar en una especie de ataque de nervios, por lo que rápidamente aparta la mano ajena de su cara, sintiendo de nuevo como la sangre volvía a agolparse en sus mejillas—. ¿Qué te crees que haces?

—Disculpe…— murmura de forma apenada—. Es sólo que se había manchado…

—…— decide serenarse; sabía que no tenía absolutamente ningún motivo por el cual estar molesto—…Está bien… soy muy impulsivo… perdona…

Yamamoto se limita a sonreír cálidamente, en señal de que olvidaba la ofensa recibida, volviendo a robar otra sonrisa enternecida por parte de Sagan, quien al darse cuenta de lo que estaba sucediendo decide desviar su mirada violentamente hacia otro sitio.

—Youji-san, ¿ocurrió algo?

—Ah; n-nada… sólo fue un reflejo…

Ambos vuelven a comer su postre, mientras la cabeza del sacrificio de Natsuo parecía llenarse cada vez más de ideas confusas.

«¿Qué demonios me está pasando? ¿Por qué… por qué sonrío cada vez que él lo hace?» parpadea con fuerza, manteniendo su mirada en un punto perdido del lugar donde estaban «Yo… ¡Ni siquiera lo conozco! ¡Sólo es un chico cualquiera que me dio un postre gratis, eso es todo!» mira de reojo a su compañero, quien comía tranquilamente sin saber la lluvia de dudas que estaba generando en el peli azul «No… no es cierto. Lo encuentro agradable, por ridículo que suene» come con lentitud el cono de la nieve, que era lo único que le quedaba «. Bueno, ¿Qué hay de malo en que me parezca simpático? Natsuo siempre encuentra adorable cualquier persona ¿Por qué yo no?» sonríe a sí mismo, teniendo una idea «. Bien, ahora es mi turno. Me divertiré un poco, y le demostraré a Natsuo que hay personas mucho más encantadoras que él.»

De mientras, con los otros dos nekos…

—¿Bueno, algún otro sitio donde buscar?— pregunta el pelirrojo al sacrificio de Soubi.

—Bueno, ya sólo nos queda…

—¡Estoy harto!- interrumpe haciendo un gesto de mártir—. Si Youji está dolido, me disculparé en cuanto regrese al departamento.

—Natsuo, ¿Cómo puedes ser así?

—¿Qué? ¡Es que no hice nada malo!

—Sólo nos falta buscar en el parque…

—Ya me aburrí, Ritsuka. ¿No podemos dejarlo ya?

—Mira; si no lo encontramos allí, nos regresamos, ¿De acuerdo?

—De acuerdo…

Caminan un poco más, en dirección al sitio indicado. Finalmente, después de mucho buscar, Ritsuka logra divisar al peli azul, sentado en un banco.

—Natsuo, parece que lo he encontrado.— informa, poniendo una mano en su frente para poder divisar mejor.

—¡Oh, ¿en serio?!— el joven del parche levanta sus orejas gatunas al escuchar la noticia— ¿Dónde?

—Está allá— señala el sitio donde se encontraba—. Pero parece que tiene compañía.

—¿Qué cosa?

Esta vez, el pelirrojo trata de buscar con la mirada a su sacrificio. Finalmente lo encuentra, pero por alguna razón, lo que presencia lo deja algo sorprendido. Youji conversaba animadamente con un perfecto desconocido, y ambos se veían muy cómodos con la compañía mutua. Natsuo tuvo una sensación extraña en la boca del estómago, pero decidió ignorar el por qué.

—¿Natsuo? ¿Te encuentras bien?— el pelinegro trataba de llamar la atención del luchador de Youji—. Pareces molesto…

—¿Eh, yo? No, sólo me quedé algo confundido por el niño que acompaña a Youji. Deberíamos ir a decirle que llevamos un buen rato buscándolo…

—Oye, espe…— no tuvo tiempo para decir más, ya que el otro se había lanzado directamente hacia donde estaba el peli azul.

—¡Youji!— el aludido levanta la mirada al ver quién era el que le estaba hablando— ¡Hemos estado buscándote! Ven, necesitamos que vengas con nosotros de vuelta al departamento.

—Espera, espera— Youji observa completamente confundido a su luchador—. ¿Tú y quién más?

—Ritsuka y yo— de nuevo aquél nombre lo irritaba—; queríamos que…

—Disculpa, pero estoy con alguien— contesta secamente, tocando levemente el hombro de su compañero castaño, sorprendiendo de nuevo al pelirrojo—. Iré más tarde, ahora estoy ocupado.

—Pero… ¿Al menos me dirás quién es él?— señala con la vista al tímido joven, quien se apena un poco ante el tenso ambiente que parecía formarse.

—Se llama Kioku Yamamoto, y es alguien que conocí hace poco. Como te dije, iré después. Puedes ir a divertirte con Ritsuka.— lo último lo dijo casi escupiéndolo.

—…— Natsuo, por alguna razón, sentía algo de irritación al ver que su compañero prefería a aquél extraño antes que a él, incluso lo tocaba; pero decide no mostrar que estaba dolido—…Bien. Mejor por mí; ¡Ritsuka me prometió que tendríamos una cita en cuanto termináramos de buscarte!— sonríe a ojos cerrados para que su sacrificio no notara su molestia—. ¡Nos vemos!— se aleja tan rápido como había llegado, mientras Youji le dedicaba una mirada irritada y aún resentida. Luego de unos segundos, el castaño decide romper el silencio que se había formado.

—Perdón por mi curiosidad, pero ¿Quién era él, Youji-san?— dice tímidamente Kioku.

—Se llama Natsuo. Es mi… compañero de apartamento, y amigo también…

—Entiendo…— mira la expresión del joven del lunar, notando que su cara decía más que las palabras que pronunciaba «No es un simple amigo para él»...

—Kioku.— llama el peli azul, sobresaltando al aludido.

—Ah, d-dígame…

—No es necesario que me trates con formalidad. Simplemente llámame Youji, ¿Entendido?

—En-entiendo…— sonríe con gran alegría, sintiendo cómo sus mejillas se ruborizaban por el gusto.

Youji le devuelve una sincera sonrisa, mientras retornan su antigua conversación, olvidando el anterior momento. Natsuo les lanza una última mirada, antes de acercarse a hablar con Ritsuka.

—¿Qué le dijiste, Natsuo?— pregunta el joven Aoyagi, al ver el extraño semblante que tenía su amigo.

—Nada, simplemente dijo que estaba ocupado… ¡Supongo que la disculpa tendrá que esperar!— ríe forzadamente, cruzando ambos brazos en su espalda—. Bueno Ritsuka, ¡Vayamos por nuestra cita! Me la debes.

—¿Te ocurre algo, Natsuo?

—¿Eh? ¿Por qué lo preguntas?

—Luces extraño… pareciera que estás enfadado por algo.

—¿Yo? ¿Por qué habría de estar molesto?— ensancha su sonrisa, mirando a su amigo— ¡Estoy desesperado, porque ya quiero tener nuestra cita!

—Mhm… como digas…

—¡Bien, vámonos!

Se retiran a paso calmado, mientras el del parche le dedica una última mirada discreta a su sacrificio. Lo ve, aún riendo con aquél desconocido. Su mirada se ensombrece un poco, sintiendo que ni la cita que tendría con Ritsuka podría animarlo.

«¿Por qué debería estar molesto? Yo iré a pasear con Ritsuka, y Youji con ese tal Kioku...» aprieta los labios, caminando con la mirada gacha «¿Por qué no puedo alegrarme? Sólo es divertido cuando yo salgo con Ritsuka… pero el que Youji lo esté haciendo con alguien más… no es tan divertido»…

Luego de dos horas, el sol comienza a ponerse. Cada vez quedaba menos gente en el parque, y no era muy conveniente para el castaño. Kioku mira el reloj que traía en su muñeca derecha, y decide dar por finalizada la pequeña tardeada.

—Discúlpame, Youji… pero comienza a anochecer, y mi hermana comenzará a preocuparse…

—Ah, entiendo. También es hora de que yo vaya regresando a casa— se incorpora junto con su amigo—. Bueno; ha sido genial pasar el rato contigo.

—Sí, también lo fue para mí…— baja la cabeza, indeciso entre decir lo que estaba pensando—. Esto, Youji…

—¿Si, dime?

—Bueno, yo me preguntaba… si mañana también podría…— la vergüenza se apoderaba de él irremediablemente sin poder hacer nada para evitarlo; sus cola y orejas gatunas retorciéndose «Dios, estoy quedando como un idiota frente a él»…

—Ah, claro. Estaré mañana, a la misma hora, ¿Te parece?— sonríe de forma confiada, sabiendo que eso era lo que su compañero había querido decir. Y no se había equivocado, pues Kioku rápidamente lo había visto agradecidamente, mostrando aquel enternecedor brillo en sus ojos.

—¡Muchas gracias! ¡Te estaré esperando, entonces…!— se aleja corriendo, despidiéndose con la mano— ¡Hasta mañana, Youji!

El aludido suelta un pequeño suspiro, mirando en la dirección donde se había ido su nuevo "amigo". Se queda un rato más allí, recargándose en el grueso y frondoso árbol.

«¿Cuál es el problema? Puedo tener nuevos amigos cuando yo quiera».

Decide retirarse de una vez hacia su propio hogar, caminando satisfecho. No la había pasado nada mal hoy.

«Bueno; al menos él logró quitarme una gran molestia de encima...» después de caminar por unos cuantos minutos, llega finalmente al departamento «. Me pregunto cómo se la habrán pasado aquellos dos»…

Sube las escaleras a desgano, y en cuanto toca la puerta, escucha cómo alguien corre rápidamente hacia la puerta. Se sorprende un poco al ver a un molesto Natsuo en la entrada, con los brazos cruzados, dando leves pisadas con el pie izquierdo, como si esperara alguna "explicación". Antes de que siquiera pudiera decir algo, su luchador ya se encontraba hablando.

—¿Por qué tardaste tanto? ¿Te das cuenta de lo tarde que es?

—Hey, ¿A ti a qué diablos te pasa?— pregunta totalmente confundido, retornando a su antigua molestia—. Creí que te hacía un favor dejándote más tiempo a solas con Ritsuka— el pelirrojo ensancha sus ojos ante el argumento —. Dije que estaría con Kioku, ¿Qué es lo que te preocupa?

—Veo que no aprecias el que alguien se preocupe por ti…— da la vuelta, mientras se dirige a la litera, dejando la puerta abierta para que su sacrificio entrara, su voz sonando extrañamente afectada—. Bien; espero que te hayas divertido con tu amiguito…

—¿Cuál es tu problema? ¡Ya llegué, estoy bien y entero!— entra al departamento, cerrando brutalmente la puerta—. Pareciera que estás celoso de que estuve con Kioku…

—¿Yo, celoso? ¡Ja!

—Estúpido. Definitivamente mi nuevo amigo es mucho mejor que tú…

—¿Nuevo amigo?— la frase del joven del parche sonó tremendamente irónica—. ¡Vaya; conoces a alguien tan sólo en unas cuantas horas y ya es tu nuevo amigo! ¡Eres sorprendente, Youji!

—No tanto como tú…— contrarresta el Zero del lunar—. Pensar que pudiste enamorarte de Ritsuka en tan sólo un día de conocerlo es aún más sorprendente, ¿No lo crees?

—¡No metas a Ristuka en esto! ¡Estoy harto de que siempre tengas que ponerlo en el medio!

—¡Y yo también estoy harto de que siempre lo defiendas!

Ambos quedan automáticamente en silencio, dejando el aire cargado de hostilidad. El peli azul decide abrir el refrigerador en busca de algo que beber, mientras Natsuo se limita a hojear una revista que estaba en su cama, meditando todo lo que habían dicho hace unos momentos. Tratando de buscar la respuesta a su naciente cólera.

«¿Por qué…? ¿Por qué me siento tan molesto con Youji? ¿Es egoísmo?» miraba perdidamente las hojas de la revista, tratando de ahondar más en su propia mente «. El sólo fue a divertirse con alguien, al igual que yo lo hice con Ristuka, como dijo… ¿Entonces por qué…?»

—Mañana saldré también.— informa Youji con indiferencia, sacando al pelirrojo de sus cavilaciones.

—¿Perdón?

—Que mañana volveré a salir. Apaga la luz en cuanto termines de leer; a Soubi no le gusta que malgastemos la electricidad.— deja en la mesa la lata de refresco que había tomado, subiendo también a la cama. Se acuesta dando la espalda a su luchador, y se dispone a dormir sin decir nada más.

Natsuo simplemente se queda con la boca entre abierta, mirando a su sacrificio. Iba a decir algo, pero no sabía exactamente qué. Se limita a dejar la revista, levantándose de la cama para apagar el interruptor. Vuelve a acostarse en el colchón, acomodándose de forma que pudiera ver al menos la espalda de su amigo. Suelta un suspiro ahogado, acariciando muy suave y disimuladamente los cabellos de su sacrificio.

«Con que mañana también… ¿no, Youji?...»

Never Leave You


Capítulo I.- "Paranoia"


Una sosegada tarde de otoño. La temporada favorita de la mayoría de las personas. Ritsuka había ido a visitar a los Zero, ya que Soubi y Kyo se encontraban ocupados en la universidad exponiendo sus últimos cuadros de la clase de artes. Cabe decir que ya casi no se quedaban mucho tiempo en el departamento, pareciendo la propiedad de los dos chicos menores. Natsuo y Youji habían decidido no regresar a la escuela de luchadores, por lo que estaban casi seguros de que Nagisa-sensei los había borrado de su mapa. Pero al no tener ni siquiera un centavo para satisfacer algún mísero capricho, se veían obligados a permanecer encerrados casi todo el día para evitar ver cosas que pudieran tentarlos, y que posteriormente no podrían comprar.

—Ustedes dos— comenta el sacrificio de Agatsuma—; deberían salir al aire libre un poco más. Terminarán por hostigarse.

—¿Y para qué?— contesta de mal humor Youji, inclinando hacia atrás sus orejas gatunas.

—Sólo digo, así podrían entretenerse un poco…

El pelirrojo jugueteaba con la cola de Aoyagi, limitándose a escuchar la conversación entre ambos sacrificios. Miraba atentamente al peli azul; notaba cómo cada palabra que pareciera salir de la boca del neko pelinegro lo irritaba.

—No tenemos dinero, Ritsuka— responde el de cabello lacio con hosquedad—. ¿Quieres que nos tentemos viendo cosas y después quedarnos con las manos vacías?

—¿Por qué no prueban con un trabajo de medio tiempo? Quizás sea justo lo que necesitan. Tendrán algo con qué matar el tiempo, y ganarán dinero…

—¡No trabajamos! Deja de decir estupideces.

—Oye; él sólo estaba dando una sugerencia— defiende Natsuo, algo harto por el comportamiento de su amigo—. No tienes que ser tan tosco.

—¿Otra vez defendiendo a Ritsuka?— gruñe con algo de recelo— ¿Por qué no cambias de sacrificio y te quedas con él, eh?

—Ahh, no tienes idea de cuánto me gustaría hacer eso— suspira y le clava la mirada a su compañero con malicia, mientras se curva una sonrisa en sus labios—. ¡Qué pena por ti, Youji! Te quedarías solo, sin nadie que te quisiera.

—¡Idiota!— el peli azul da media vuelta, toma una paleta del refrigerador y se dirige a su respectiva cama, donde se tumba con la fuerza suficiente para hacer crujir el colchón. Lanza un suspiro en lo más recóndito de su almohada, antes de levantar la cabeza y colocarse boca arriba, mirando perdidamente el techo, mientras se sumergía en sus pensamientos. Al recordar que aún poseía la chupeta en su mano derecha, le quita la envoltura con total despiste, alojando el dulce en sus labios, mientras degustaba el dulce sabor retornando a sus cavilaciones.

Ambos nekos quedan unos segundos en silencio, inmóviles en la sala, sorprendidos por la impulsividad del chico del lunar. Finalmente, el joven Sagan se permite soltar un soplo de aliento, amenizando el tenso ambiente.

—Bah, sí que es un amargado— se para, mientras también se dirige a la nevera—. ¿Quieres un jugo, Ritsuka?

—¿Por qué le dijiste eso? Deberías ir a disculparte.

—Sabe que estoy bromeando- responde sin dejar su aire despreocupado—, no entiendo por qué se lo toma tan a pecho.

—Quizás siente que tú no lo dices tanto en broma…— toma la lata ofrecida por el Zero.

—¡Es ridículo!— mira en dirección a la cama donde estaba aislado su sacrificio, esperando que éste lo escuchara— ¡Sabe que siempre seré su luchador, es un paranoico!

—Tal vez no se siente suficientemente valorado por ti.— continúa razonando el pelinegro, tratando de convencer a su amigo de que fuera a pedir disculpas.

—Lo único que sucede es que está celoso porque te encuentro mucho más adorable que él— toca las orejas gatunas de Ritsuka con una expresión juguetona—. ¿Quién puede resistirse a ti?— el joven Aoyagi se sonroja como de costumbre, lo cual hacía que el pelirrojo sonriera complacido— ¡Adorable, adorable!

De pronto escuchan los pasos del peli azul, que pasó al lado de ellos, ignorándolos por completo.

—Youji, ¿a dónde vas?— pregunta el sacrificio de Soubi.

—A pasear— responde de forma cortante—. Les haré un favor dejándolos solos. Procuren no infestar el cuarto de hormonas.

Y dicho esto, da un sonoro portazo mientras se escuchaban sus fuertes pisadas al bajar las escaleras.

—Parece que si está molesto.— murmura Natsuo de forma inocente.

—¿De veras? No me di cuenta— Ritsuka cruza ambos brazos en su espalda, mientras entrecierra los ojos con expresión de aburrimiento, usando un tono sarcástico que hizo enrojecer al pelirrojo de la vergüenza—. ¿Irás a buscarlo?

—No me gusta tratar a Youji cuando está “en sus días”.— se rasca la cabeza, meditando lo que haría, o no haría, en su mejor caso.

—Es mejor si vas ahora, así no se guardará un rencor más grande. Iré contigo, si quieres.

—¡Oh, Ritsuka!- toma las manos del aludido, sonriendo a ojos cerrados— ¿Tendrás una cita conmigo si no lo encontramos?

-¿¡Eh!?

Mientras, el sacrificio del segundo Sagan deambulaba por los alrededores, sin saber realmente a dónde lo conducían sus pies. Sólo recordaba en su cabeza los miles de halagos y frases que su luchador le dedicaba a Ritsuka, inflamándolo más por dentro. Normalmente le daba igual lo que dijera Natsuo, ya que sabía que para él todo era “adorable”. Pero su tolerancia comenzaba a desaparecer cuando notó que el pelirrojo sólo se había concentrado en Aoyagi como todo lo “adorable” para él. Sentía celos; eso era. Estaba ofendido porque después de todo el tiempo que estuvieron juntos, Natsuo casi nunca le decía cosas así. En cambio, conoce al escuálido sacrificio de Soubi por poco tiempo, ¡y ya es el centro de su atención! Eso lo enfermaba. Le daba náuseas.

«Es un imbécil» golpea con la punta de su desgastado tenis una pequeña roca que estaba en su camino, lanzándola con fuerza, sin importarle si golpeaba a alguien cercano «. ¡¿Cómo puede gustarle alguien como él!?»

—¡Auch!

Un quejido a pocos pasos de él lo hacen volver a la realidad. Eleva la vista, para observar que la piedra que lanzó había dado en la cabeza de un chico, quien se frotaba la sien, muy adolorido.

—¡Oh, pero a qué idiota le di!— se acerca hasta el joven, que aún seguía con su labor de sobarse—. Hey, ¿No quedaste con un moretón?

—Estoy bien…— su voz era increíblemente suave, casi tan dulce como la de una chica, cosa que hizo temblar internamente a Youji—. Sólo tenga más cuidado de donde lanza sus piedras…

—¡No es mi culpa que no hayas tenido reflejos para ver cuando la arrojé!— exclama a la defensiva, aunque realmente sabía que quien debería estar molesto era el extraño joven, cosa que no ocurrió.

—No le dije que tuviera la culpa.— lo mira por primera vez a los ojos, quedando algo embelesado por la imagen que tenía enfrente. Tardó varios segundos en despegar la vista, cosa que naturalmente incomodó al peli azul.

—¿Q-qué tanto me miras idiota?— intenta sonar molesto, aunque en realidad también estaba examinando curiosamente al crío.

—N-nada— se apresura a bajar la cabeza, sintiendo algo candentes sus mejillas—. Lo siento…

«Realmente éste tipo es de lo más sumiso...» piensa Youji, sintiéndose algo enternecido con la actitud de aquél individuo. Eran en vano los intentos por dejar de observarlo, así que decide rendirse ante la tentación y lo escruta de arriba abajo.

Era un poco más bajo que él. Tenía el cabello corto y algo alborotado; castaño, con reflejos dorados. Sus ojos eran verdes y grandes, irradiando inocencia y dulzura. Vestía una chaqueta color vino obscuro que estaba abierta, dejando ver su playera gris. Las mejillas aún seguían sonrojadas, ignorando Sagan el por qué. Todo eso, a la actitud tan indefensa que parecía tener, le dio por primera vez a Youji el concepto de “adorable”, tan mencionado por su luchador.

«¿Qué diablos estoy pensando?» sacude un poco la cabeza, intentando espantar aquella sensación.

—Bueno, yo me tengo que retirar…— el joven comienza a avanzar con lentitud, sintiéndose avergonzado por la manera en que el joven del lunar se había perdido mentalmente—. Que tenga un buen…

—Aguarda— la mano del peli azul lo detiene, tomándolo por el brazo. Ni siquiera sabía cómo detener sus acciones—. ¿Tienes algo que hacer?

—Realmente no…— intenta evadir la mirada del sacrificio de Natsuo—. ¿L-le gustaría ir al parque conmigo un rato? Tengo ganas de comer algo en compañía…

Youji sonríe instintivamente. Extrañamente, aquel chico le inspiraba confianza, y había logrado disipar su humor negro. Definitivamente haber salido del departamento había sido muy buena idea.

martes, 3 de agosto de 2010

Loveless- Insensitive Kisses


Sin dolor.

Sin sentido del tacto.

¿Cómo es posible vivir así? ¿Sin sentir ni siquiera a la persona que amas?

Una tarde fría y con diluvio. Donde los lamentos y las penas se intensifican aún más, fortificados con las gotas de lluvia que asemejan las lágrimas que desean salir de nuestro interior, reprimidos la mayoría de las veces para dar la falsa impresión de ser fuertes. Pero el dolor es tanto, que puede carcomerte de forma terrible, y nunca puedes saber cuándo llegará tu límite.

Ambos Zero se encontraban en el departamento de Kyo, rondando pensamientos efímeros e imposibles. Sin pronunciar palabra. Hasta que algo llama la atención de Youji.

—Natsuo, ¿qué diablos estás haciendo?

El pelizaul toma rápidamente la muñeca izquierda de su compañero. Natsuo se había cortado con una navaja a propósito. La sangre color carmesí salía lentamente de la herida ya enrojecida. Pero el dolor, síntoma natural de cualquier ser humano, continuaba sin hacerse presente.

—¿Por qué hiciste eso?— continúa cuestionándolo, ante el extraño semblante de apatía que tenía su compañero.

—Quería ver si había cambiado algo en nosotros tras haber roto nuestro vínculo cuando enfrentamos a esas extrañas zero...— murmura tristemente—. Pero no ha ocurrido nada...

—Idiota— recrimina Youji—. Sabes que nosotros carecemos de toda sensación... ¿Por qué sigues tratando de hacerte esto?

—Quiero sentir por lo menos una vez en mi vida... tan sólo una vez...

—Sabes que eso es imposible.

—¡Mentira!— sus ojos nunca habían destilado tanta emoción, sorprendiendo a Youji—. Ritsuka me contó que una de ellas, Yamato, pudo por fin tener sentido del tacto. Por eso pensé que...

—Ellas son muy diferentes a nosotros— replica impasiblemente, tratando de no mostrar demasiada importancia a ese asunto, que también le pesaba por dentro—. Fueron prototipos nuevos. Es natural que tengan algunas fallas como esas.

—Desearía tener esa falla...

—¿Qué te sucede? Has estado extraño desde que Ritsuka y Soubi derrotaron a aquellas ancianas...— trata desesperadamente de hacer reír a su compañero; no soportaba ver aquel rostro tan melancólico.

—Yo...

—Anda, anda. Sabes que puedes decirme lo que sea.— dice tocando levemente su hombro, con una sonrisa en su cara.

—Aquel día... cuando colapsaste por culpa de esas desgraciadas... me preocupé demasiado...— admite sin querer despegar sus ojos del suelo—. Me sentí tan impotente, e incluso deseé haber sido yo quien hubiera recibido ese ataque...

—Natsuo...

—Lo único que pude hacer fue quedarme a tu lado todo el tiempo que estuviste inconsciente... ¡Soy un Zero, por el amor de Dios! ¿¡Cómo no pude hacer nada contra ellas!? ¡Me sentí tan inútil...!

—¡Basta, Natsuo!— lo toma de los hombros bruscamente, obligándolo a mirarlo. No toleraba más escuchar como su amigo se menospreciaba— ¿Por qué sigues culpándote de eso? ¡Sabes que no fue tu culpa!

—¡No es justo lo que sucede entre los luchadores y los sacrificios!— dice en un espasmo de llanto— ¿Por qué sólo ustedes deben sufrir así? ¡¿Por qué nos crearon de esta manera?!

—¿Por qué estás tan sentimental con esto de los sacrificios y del sentido del tacto?— replica totalmente confundido, pero haciéndosele cada vez más difícil soportar esa visión tan triste por parte del pelirrojo. Sentía algo punzante en su pecho, no sabía si era bueno o malo— ¿Desde cuándo te había molestado tanto? Nunca le prestamos atención a eso, ¿Por qué ahora si?

—Porque quiero... quiero...— se acerca más a su compañero; su amigo de toda la vida.

—¿Natsuo?— no puede reprimir un ligero temblor de su cuerpo— ¿Qué estás...?

Podría haber terminado su pregunta, de no ser porque los suaves labios del pelirrojo estaban posados sobre los suyos, silenciando cualquier frase o sonido proveniente de su boca. Natsuo acaricia tímidamente el rostro y cabello de su compañero. Youji se encontraba estático. Había visto en ciertas ocasiones cuando Soubi besaba a Ritsuka, y también había escuchado que los besos eran un acto de amor y cariño; una atracción más allá de la amistad. Pero aún con toda la información disponible, no había supuesto nunca que esos sentimientos albergaran en el interior de su mejor amigo y compañero de pelea. Tras un momento en que el joven del parche se esforzaba por presionar más sus labios en los del otro, se separa aún más melancólico.

—Quiero sentirte... quiero sentir tus labios, quiero sentir tu cabello, tu rostro— oculta la cara con sus manos—. ¿Por qué no puedo?

—Natsuo... yo...— ni siquiera sabía cómo actuar ahora. La sorpresa y la vergüenza estaban apoderándose de él por primera vez—. ¿P-por qué hiciste eso?

—¡Porque te quiero, idiota!— responde empujándolo, avergonzado y furioso— ¿¡Por qué eres tan lento para estas cosas!?— salen lágrimas involuntarias de sus resentidos ojos, atormentado por el mar de emociones que sentía.

—Discúlpame...

En un rápido movimiento, Youji se apodera del cuerpo de Natsuo, abrazándolo fuertemente. El aludido para de llorar, anonadado por la acción tan repentina. El pelizaul recarga su barbilla en la cabeza de su amigo, sin saber cómo pronunciar aquellas palabras que pugnaban por salir de su boca. Tras unos segundos, solamente alcanza a susurrar:

—Yo también te quiero, Natsuo... siempre te he querido...

—Youji...— lo mira sorprendido, sintiendo algo muy cálido en su pecho.

—No me importa si sentimos o no, me conformo con saber lo que siento por ti.— toma la barbilla de su compañero, mientras vuelve a plantarle un suave y tierno beso. Natsuo se limita a cerrar los ojos y estrecharlo tan fuerte como puede.

"Quizás no pueda sentir tus besos, pero el que me hayas dicho que me quieres es más que suficiente para mí, y podré aguantar esta maldición hasta el final de mi existencia"...